10 jul. 2019

¡QUE RESPONDA LA BIBLIA!: ¿Qué hace que la Biblia sea tan especial?

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ANTE TODO, SU AUTOR. Fue Dios quien inspiró la Biblia (2Tim 3:16a) "Toda la Escritura es inspirada por Dios". Un escrito que habiendo sido inspirado por intereses humanos alegue una autoría divina, pero que a la vez condene al hombre mismo que ideó la trama y, sobre todo, deje tan mal parado ante la historia al pueblo desde donde vino tal inspiración escritural –el pueblo de Israel–, sería un escrito fuera de toda coherencia. En tal caso debió ser una conspiración de al menos 1,500 a 1,700 años; sin la posibilidad de registros y códices vinculantes que concitara a una diversidad tan amplia de hombres con trasfondos sociales tan disímiles, como pastores de ovejas, pescadores, sacerdotes, médicos y reyes, una cantidad de más de 40 escritores, y los integrara a todos a un plan macabro para redactar un libro por el cual regir los principios éticos de la humanidad desde el punto de vista de los judíos, por solo hablar del aspecto terrenal de Las Escrituras. Tal posibilidad sería un absurdo sin precedentes, y de existir esa conspiración debiéramos llamarla justamente la "soberanía de Dios" para mover a hombres comunes a registrar en libros, durante tantos siglos, Su perfecta y santa voluntad, corroborada por escritores tan tardíos como los del final del 1er siglo de nuestra era; y luego mover a hombres para identificar y discernir entre lo inspirado y lo espurio, para luego compilar el canon de las Escrituras. En aplastante conclusión, no fue autoría humana. Dios es el autor de las Escrituras.

LUEGO, SU COHERENCIA A PESAR DE LA DIVERSIDAD DE ESCRITORES. La manera sobrenatural como vemos el cumplimiento en el Nuevo Testamento de palabras dictadas en el Antiguo Testamento, siglos antes. La manera en que no solo vemos profecías cumplidas, sino docenas de conceptos veterotestamentarios diferentes sustentados por principios y verdades neotestamentarias de los cuales aquellos eran modelo, habiendo transcurrido literalmente miles de años. En relación a la muerte de cruz del Señor Jesucristo, por ejemplo, se cumplieron aquel día más de 28 profecías, solo en el contexto de sus juicios, su crucifixión, muerte y resurrección. Pero la Palabra de Dios provee más de 300 referencias sobre el señalamiento profético de un Mesías, y ofrece características para que este pudiese ser identificado entre los hombres. ¿Cómo explicar la exclusión del Señor Jesucristo de un procedimiento normal a manos de los romanos para terminar de dar muerte a los crucificados, como era el romper los huesos de sus piernas para que no pudieran tomar aire y respirar, muriendo así en pocos minutos de asfixia? ¿Consideraron ellos como proféticas las palabras en Salmos 34:20? Si fuere así, ¿Estuvieron los romanos interesados en que se cumpliera esta profecía? La coherencia en la Palabra de Dios es sobrenatural, haciéndola una especial revelación para Su pueblo.

FINALMENTE, SU PRESERVACIÓN HASTA NUESTROS DÍAS. La manera en que Dios se ha empleado para preservar Su Palabra revelada es igualmente asombrosa y digna de análisis. Miles de años han pasado, a pesar de los esfuerzos por destruirla, constituyéndose en uno de los testimonios más asombrosos de la verdad de las Escrituras. "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mat 24:35), y aseguró que Su Palabra se difundiría por todo el mundo: "Este evangelio del reino será predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin" (Mat 24:14). El descubrimiento de los rollos del Mar Muerto confirmó que todavía tenemos el mismo Antiguo Testamento que fue originalmente redactado. La supervivencia también de miles de manuscritos del Nuevo Testamento confirma que se preservaron providencialmente. Por el contrario, pocas copias han sobrevivido de casi todos los otros libros clásicos. La Palabra de Dios sobrevivió a pesar de intensos esfuerzos para destruirla, como el llevado a cabo en el 175 aC por el rey de Siria, Antíoco Epífanes, quien ordenó a los judíos destruir, so pena de muerte, sus Escrituras y adorar a los dioses griegos. Judas Macabeo salvó los libros y lideró una revuelta que ganó la independencia de la nación judía. O aquel esfuerzo a manos del emperador romano Diocleciano, cuya orden de prohibir el cristianismo, matar a sus líderes y quemar sus Biblias infringió un duro golpe en la disponibilidad de los textos sagrados. Como un signo de la providencia de Dios, el próximo emperador, Constantino, legalizó el cristianismo y pagó cincuenta nuevas copias manuscritas de la Biblia. Las Escrituras no solo se han conservado, sino que se han traducido a más de dos mil idiomas (antiguos y modernos), y muchos de los manuscritos más antiguos conservados incluyen traducciones que muestran que la Palabra de Dios se estaba extendiendo desde el principio, y su mensaje se ha conservado conforme a la inspiración original de parte de Su Autor: el Dios de la Creación.

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6 jul. 2019

GÉNERO Y SEXO: Una discusión que debe ser afinada


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Cuando decimos que los propulsores de la ideología de género hacen daño al pretender establecer la identidad sexual del individuo a partir del género y no a partir de las características genotípicas y fenotípicas que definen la identidad sexual, pudiéramos estar enviando sutilmente el mensaje de que ambos, género y sexo, debieran considerarse en el mismo plano conceptual, cuando la realidad de ambos conceptos es que no ocupan el mismo plano. Las características fisiológicas y genéticas que definen nuestra identidad sexual pertenecen a un nivel fundamental, a un nivel primario, a un nivel concreto y objetivo de nuestra naturaleza, y que permea hasta impactar otros niveles, como son nuestros roles sociales, familiares, etc.

Pero, justo en esa brecha, cuando decimos que no es lo mismo, y que el ser humano no tiene género sino sexo, pudiéramos dejar el campo abierto para que los ideólogos progresistas de la revolución sexual introduzcan el concepto de deconstrucción social del género, incluso sin que hubiere intensión (por imposibilidad natural, por más procedimientos quirúrgicos desarrollados) de impactar la realidad sexual del individuo. Si no tenemos cuidado, dejamos espacio para que redefinan el género sin tocar el sexo, y nuestra batalla debe desarrollarse partiendo de ambas cosas: que no es lo mismo género y sexo, pero que al mismo tiempo es un error adoctrinar ideológicamente el género al margen del sexo, porque el responsable de definir nuestro género son nuestras características sexuales biológicas.

En otras palabras; NO, género y sexo no son lo mismo; pero eso no le deja libertad a ninguna ideología para disponer de la definición de nuestro género. Porque a fin de cuentas SÍ, tenemos género y tenemos sexo; ambas cosas, pero el sexo predomina de manera natural, e impone sus definiciones fundamentales al género. Nuestro género descansa en la tipificación sexual de nuestro organismo.

De hecho, según la OMS el género se trata de una "construcción social" y no de una separación de roles natural e inherente a la condición biológica de los sujetos —características anatómico-fisiológicas—, por lo que, continúa definiendo la OMS, "la analogía o sinonimia semántica entre los términos «género» y «sexo» es errónea".

Entonces, si la OMS dice que no son sinónimos, con la intención de poder redefinir y deconstruir, y los cristianos también decimos que no son sinónimos, pero con la intención de que lo que prime sea la condición genética y natural del sexo, entonces debemos tener mucho cuidado con las argumentaciones. Se debe tener muy claro el porqué ambos grupos decimos lo mismo, "que no son sinónimos". La batalla no es, entonces, para establecer si son términos análogos o no, sino para establecer las razones por las cuales la ideología de género dice que no lo son, y las razones por las cuales los cristianos decimos que no lo son.

Como ha sucedido con el arcoiris, la agenda LGBT nos ha arrancado de las manos el concepto de género y, apropiándose de él de forma errónea y para fines erróneos, hoy tememos al uso del término y lo satanizamos en plena ignorancia de su significado epistemológico.

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21 may. 2019

El sol en el cristal

Es posible que durante las mañanas, al transitar de Oeste a Este el Sol impacte nuestros cristales; y es en esos momentos que la luz nos confronta, cuando vemos mejor la suciedad atrapada en los mismos. No nos percatábamos antes, pero ahora, con los rayos del sol que literalmente penetran hasta el interior del vehículo, apreciamos las fallas, las manchas, la suciedad y hasta las grietas de nuestro cristal. Sucede lo mismo con nuestro carácter. La Palabra de Dios es lámpara a nuestros piés y lumbrera a nuestro camino (Sal 119:105), y no es hasta que la luz de las Escrituras nos confronta que somos capaces de ver nuestro pecado, nuestras fallas, las manchas de nuestro carácter y la suciedad de nuestro corazón. Seremos incluso capaces de identificar peligrosas grietas en nosotros, que de no ser atendidas provocarán roturas irreparables.

Y al igual que nos sucede con la luz del sol en los cristales del vehiculo, a veces pensamos que el sucio que ahora es evidente, se trata de la parte exterior y activamos los mecanismos para corregir el problema: el limpiavidrios y el chorro de agua automático. Sin embargo, muchas veces el problema no es externo, sino desde dentro del cristal, como en nuestras vidas: El problema es desde dentro, desde nuestro corazón, y no podemos nosotros mismos, no somos capaces de limpiar el cristal por dentro, con nuestra propias manos, sin empeorarlo; por eso es que antes de ser aplicada fuera, el agua la necesito dentro. La Biblia es como agua fresca que limpia nuestras conductas. Si de repente no hay agua, el limpiavidrios empeorará la situación. Sin la Palabra de Dios, solo con soluciones humanistas y sicológicas orientadas al conductismo no podremos solucionar el problema.

Pero, la realidad es que a veces no podemos hacerlo y continuar nuestro camino. Necesitamos detenernos, hacernos a un lado en la carretera para limpiar, desde dentro, el desastre de nuestro cristal. A veces no podremos nosotros mismos, y entonces será momento de buscar ayuda, de dejarnos ayudar por otros, de recibir consejo. El ejercicio de la humildad comienza por reconocer la ayuda de otros en este proceso de limpieza por la Palabra de Dios.

Sal 119:27-28 Hazme entender el camino de tus mandamientos, Para que medite en tus maravillas. (28) Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra.

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18 may. 2019

¡QUE RESPONDA LA BIBLIA!: ¿Qué son los apócrifos y por que no se encuentran estos libros en la Biblia protestante?

Para hablar de los libros apócrifos debemos primero hablar del Canon de las Escrituras, pues aunque en su sentido original "apócrifos" significó cosas ocultas, secretas, en el nivel práctico la palabra se ha considerado como "no canónico". El canon es el consenso para identificar a los libros inspirados. Me gusta decir "identificar", no "definir", porque la autoridad canónica no la otorga el hombre. La autoridad canónica de Las Escrituras es intrínseca, la posee ella misma desde el momento justo en que se escribieron. El desafío del hombre es discernir entre tanta literatura agregada, espuria, pretenciosa, que ha querido colocarse durante la historia a la par de los escritos de los santos hombres de Dios que fueron inspirados por el Espíritu Santo. El consentimiento de ese discernimiento es el que llamamos canon de Las Escrituras.

Este canon en lo que concierne al Antiguo Testamento se mantuvo inalterable, y aunque en el período intertestamentario se tenía conciencia de que el oficio profético estaba suspendido, la realidad es que la historia transcurría y debía ser registrada. Los hombres no cesaron de pensar ni de poner sus pensamientos por escrito, y fue así como surgió una extensa colección literaria que fue utilizada tanto por judíos como por cristianos.

Lo habitual ha sido agrupar estos escritos en dos clasificaciones; los apócrifos y los seudoepígrafos. Los primeros incluyen libros que llegaron a ser colocados junto a escritos canónicos del Antiguo Testamento en varios manuscritos de la Septuaginta, la famosa traducción griega de los textos hebreos del Antiguo Testamento; septuaginta por los famosos setenta y dos eruditos judíos (6 de cada una de las 12 tribus de Israel), que trabajaron para traducir el texto hebreo; pero siempre se aclaró que no eran inspirados. Estos libros nunca fueron vistos como Escritura, ni por los judíos ni por la iglesia del 1er siglo. La primera vez que se incluyen en la Biblia fue en el año 404 d.C, pero se creía y se decía que “no eran parte del canon,” sino que podían ser útiles para beneficio intelectual de los creyentes. O sea, NO tienen la misma autoridad que los demás libros. No obstante, cuando las Escrituras griegas fueron traducidas al latín, esos libros adicionales fueron conservados, y la mayoría de ellos fueron declarados parte de las Escrituras por el Concilio de Trento (1546) como respuesta a la avanzada de la reforma protestante a manos de Lutero, quien se había encargado junto con otros reformadores, de traducir los libros canonicamente oficiales y excluir de ese esfuerzo a los apócrifos. Algunos de estos escritos justifican algunas enseñanzas de los catolicoromanos, como las oraciones por los muertos, las indulgencias, la justificación por obras, enseñanzas que no están en la Biblia. Para los católicos, la iglesia tiene la autoridad de decir qué libros son Escritura, para los cristianos protestantes Dios es quien habla y nos dice cuáles libros son inspirados por Él.

Finalmente, el término "seudoepígrafo" designa específicamente a escritos seudónimos dado que sus verdaderos autores son desconocidos. Al aparecer en una época en la que el testimonio profético había cesado, estos escritos ganaron popularidad siendo adornados con los nombres de personajes notables de los tiempos bíblicos. Una perniciosa labor de la critica racionalista del s.XIX fue calificar muchos libros como pseudoepígrafos ante la menor duda de su autoría general, restándole valor al canon bíblico.

Ahora bien, ¿Por qué los libros apócrifos no deben ser considerados autoritativos? Primero, ellos mismos dicen no ser autoritativos; de hecho, en 1Mac 4:46; 9:27; 14:41, que es un libro apócrifo, se da constancia de esto. Segundo, no eran considerados como inspirados por los judíos; siendo los traductores masoretas los primeros en designarles unicamente un valor literario y culturarl, no inspirado. Tercero, no eran considerados como Escritura por Jesús o los apóstoles; no existiendo ninguna referencia de ellos en boca de los apostoles o del Señor; y cuarto, contienen enseñanzas que contradicen las enseñanzas de la Biblia.

La lista de libros apócrifos está clasificada en libros históricos, de ficción, sapienciales, apocalípticos, generales, filosóficos, apologéticos y misceláneos:

Libros históricos
1 Esdras
1 Macabeos
2 Macabeos

Libros de ficción
Tobías
Judith

Libros Sapienciales
Eclesiástico, o Sabiduría de Jesús Ben Siró.
La Sabiduría de Salomón.
Pirke Aboth o Dichos de los Padres.

Libros Apocalípticos
El Libro de Enoc.
El Apocalipsis de Baruc.
La Asunción de Moisés.
El Apocalipsis de Esdras

Libros Generales
Jubileos.
Los Oráculos Sibilinos.
Salmos de Salomón.
Los Testamentos de los Doce Patriarcas.

Libros Filosóficos
4 Macabeos

Libros Apologéticos
3 Macabeos
Carta de Aristeas

Libros Misceláneos
El Libro de Baruc
La Epístola de Jeremías
La Oración de Azadas (Abednego)
El Canto de los Tres Santos Jóvenes
La Historia de Susana (Daniel 13)
Bel y el dragón (Daniel 14)
La Oración de Manasés.

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14 may. 2019

¡QUE RESPONDA LA BIBLIA!: ¿Por qué se contó como pecado a David el haber censado al pueblo de Israel? ¿Quién incitó a David a hacer el censo, Dios o Satanás? 2Sam 24, 1Cro 21

Según Exodo 30, censar a las personas o contar a las personas tenía una implicación particular con respecto al reconocimiento de Dios sobre el pueblo: ellos tenían que ofrendar por el rescate de su propia persona al ser contados, una ofrenda por expiación dice la porción en Exo 30, al momento de ser contados. De manera que había una relación directa en el reconocimiento de Jehová durante el proceso, y ninguna otra razón que no fuera esta debía mover un censo, o bien este aspecto no podía ser pasado por alto al llevarse a cabo un censo. Él era el Dios y Soberano sobre toda la nación de Israel, sin embargo cuando David ordenó el censo no vemos que se colectó la ofrenda para expiación, y solo fueron contados hombres fuertes que sacaban espada, hombres valientes de guerra dice el texto en 2Sam 24.

Esto revelaba un interés incorrecto en David. Pareciera que el pecado de orgullo por el número de sus hombres de a caballo y hombres de guerra llevó a David a entender que sus victorias habían descansado o descansarían en su fuerza y no en las de Jehová. De hecho, sus capitanes fueron más temerosos que el mismo David al objetar la orden, sin embargo David prevaleció. El censo se tomó como pecado por el orgullo del corazón de David, el cual fue incitado por Satanás, según 1Cro 21:1 "Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel". La tradicional confusión con este evento se da a raiz del texto en 2Sam 24 donde leemos "Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá".

Realmente no hay mucha dificultad en lectura rápida para concluir que fue Jehová mismo, en Su ira, quien incitó a David contra ellos. Sin embargo, en el hebreo original en esta porción el verbo incitar סוּת [sûth] (sooth: tentar, mover, persuadir, provocar) no tiene sujeto. Existe un objeto de la acción: el corazón de David, pero no vemos quien realiza la acción. Bien pudiera entonces decirse: "Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, y el corazón de David fue incitado contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá". Si gramaticalmente entendemos esto, no es dificil construir entonces la pregunta: ¿Quién lo incitó?, y como no tenemos esa respuesta en 2Sam debemos ir a algun texto paralelo. Resulta que lo tenemos en 1Cro y allí sí dice claramente que Satanás incitó a David a hacer el censo.

Fue Satanás quien movió orgullo para no observar las directrices dadas antes por Jehová a la hora de censar al pueblo. Claro, tampoco es difícil entender, conociendo la historia de Job, que no hay daño que el enemigo de las almas desee hacer a los justos de Jehová para lo cual no requiera la permisión del Altísimo; de forma que si aun no estás conforme con la explicación gramatical, debemos entender que aun si en Samuel viéramos claramente que fue Jehová en Su ira quien incitó a David, no hay discrepancia con 1Cro porque en esa ira Jehová Dios pudo haber utilizado a Satanás contra los hijos de Israel, y permitir que este incitara a David a hacer el censo. No obstante, al estar más claro en 1Cro nos quedamos con esta respuesta bíblica a la pregunta: Satanás lo hizo.

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3 abr. 2018

¡QUE RESPONDA LA BIBLIA!: ¿Con quién se casó Caín?

Sabemos que fue con una mujer. Ahora, de dónde haya sido esa mujer, esa es la pregunta. En Gen 4, específicamente v.9 en adelante, leemos que luego del primer asesinato, Caín fue desterrado y condenado a andar errante y a ser extranjero sobre la tierra, donde quiera que este se encontrara. De hecho, fundó una ciudad llamada Enoc, pero aún de esta debió haber salido como errante y extranjero porque esa era su sentencia.

Ese nombre de la ciudad vino por su hijo, concebido en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y este Enoc se casó y tuvo a Irad, y este a Mehujael, y este a Metusael, y este a Lamec. Y de Lamec se dice incluso que tomó dos mujeres. Entonces, ¿Por qué no es una dificultad pensar en las mujeres de Enoc, de Irad, de Mehujael, de Metusael y de Lamec? Porque aunque la Biblia no lo dice, nosotros entendemos e inferimos que las generaciones previas o contemporáneas a estas personas tuvieron hijas, y todos estos primeros hombres se casaron con sobrinas y con hermanas. La Biblia no nos dice esto, pero lo inferimos sin problema.

¿Por qué no podemos inferirlo igualmente acerca de Caín? Posiblemente se nos dificulta porque Caín fue el primer hijo, y al entender que lo fue, también entendemos que no existían otros seres humanos, de donde debía haber salido la mujer con la cual engendró a Enoc, pero una simple comprensión del relato bíblico en términos de fechas y datación de hechos nos debe incluso decir que mientras Caín y Abel crecían, Adán y Eva pudieron estar teniendo hijos e hijas sucesivos. Al ser Caín y Abel los dos primeros hijos de Adán y Eva, protagonistas de los eventos revelados de esta manera al escritor del Génesis, no se mencionaron los nombres de sus hermanos y hermanas; pero no hay nada que impidiera a Adán y a Eva continuar procreando mientras estos hijos crecían hasta convertirse en los hombres jóvenes que entendemos eran cuando Cain cometió asesinato.

Ahora, si esta postura no nos satisface porque quisiéramos apegarnos a la más estricta interpretación del texto, y concluir en que solo luego de haber procreado a Set fue que Adán y Eva continuaron teniendo hijos e hijas, aun así no sería imposible entender que Caín solo le llevaba a Set algunos años, y que de las hermanas de Cain y Set debió haber salido la esposa del primero, y de cualquier otro varón de la tierra. Recordemos que el promedio de edad eran 900 años, suficientes para que varias generaciones surgieran antes de que la primera se extinguiera.

En definitiva, lo que no existe es lugar para pensar en una raza extra-Edénica, o pre-Adámica como suele referirse. Malaquías nos revela que Jehová Dios creó a solo uno, habiendo en Él la capacidad para hacerlo de otra manera, habiendo en Él la capacidad para crear a una multitud: ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios (Mal 2:15), y de este primero y único hizo a la segunda persona, Eva (Gen 2:21-22); y de los descendientes de ambos fue poblada la tierra y la historia. Caín, por tanto, tomó por mujer a alguna hermana, a alguna sobrina o a alguna sobrina-nieta, todas descendientes de Eva, su madre.

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5 may. 2016

Obediencia y Honra (Efe 6:1-3)

Efe 6:1-3 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 
LOS FUNDAMENTOS
Obedecer y honrar a los padres.  Este es el clamor constante hacia los hijos para obtener un nivel mínimo de atención y sujeción a la autoridad que Dios ha puesto sobre ellos.  Pero en repetidas ocasiones perdemos de vista el trasfondo bíblico que posee este llamado, y llegamos a creer (al menos nuestros hijos lo creen...) que es un clamor muy de los padres, en busca de preservar generación tras generación el nivel de autoridad sobre toda la raza humana que aun no alcanza la adultez.  Una gran conspiración para limitar la libertad y el derecho a la anarquía propia de un corazón que es rebelde por naturaleza.

La realidad es que no es así.  Esta instrucción a la obediencia y la sujeción a la autoridad paternal, así como el principio de honrar a nuestros padres, fueron establecidos desde el principio (Gen 1:28; 9:23), y fueron ratificados a la nación de Israel como parte de los Mandamientos que Dios reveló a Moisés. De hecho, es el quinto mandamiento del Decálogo (10 Mandamientos).

En adición a estos principios, la ley del pueblo de Israel instruía drásticamente contra la desobediencia hasta el punto de la muerte al hijo contumaz y rebelde (Deut 21:18-20).  Era necesaria una gracia mas efectiva que la de la ley para subsanar este mal.

LA PROMESA
La instrucción dada, por tanto, así por medio de la Ley y los fundamentos que vemos desde el Antiguo Testamento, como por medio de esta carta del apóstol Pablo a los Efesios, arrastra una promesa de longevidad y prosperidad sobre la tierra, según el orden y la voluntad permisiva de Dios sobre nosotros.  El simple hecho de una vida prolongada en este mundo no es la promesa en si misma.  Es suficientemente desalentadora la lista de aflicciones físicas relacionadas, sobre todo, con una salud que se desvanece en la misma medida que nuestra edad avanza.  Sin embargo, la promesa dada por Dios en relación a este mandamiento, el cual no solo aplicaba al pueblo de Israel de manera particular sino que Pablo se hace eco del mismo para hablar a la iglesia de hoy, se hace evidente por medio de la voluntad de Dios en sostenernos y preservarnos.

Toda persona nacida de nuevo por la fe en Cristo verá largos días caracterizados por la mano soberana de Dios sobre sí, será llamado bienaventurado y todo lo que hace prosperará.  Cumplir los mandamientos de Jehová, aunque no representen una promesa de bendición extendida sobre nosotros, es en sí mismo una bendición que nos conforma a la imagen de Cristo, el Hijo obediente por excelencia, y sobre el Cual ciertamente estuvo la mano de Jehová.  Es en Cristo en quien, de manera suprema, tenemos ejemplo de este mandamiento, ya que Él honró y obedeció al Padre en todo.  No obstante, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento; y al poner su vida en expiación por el pecado, verá linaje y vivirá por largos días, tantos como la perfecta obediencia y honor dados al Padre le concedan eternamente, por lo que la voluntad de Jehová será en su mano prosperada (Isa 53:10)

EL BENEFICIO DE LA INSTRUCCIÓN
Sin reparar en la promesa del mandamiento, tan solo la instrucción significa un beneficio incalculable para el buen orden y la comunión armoniosa de las familias.  Es imprescindible el reflejo de la autoridad del Padre celestial sobre Su Hijo Unigénito en las familias que viven conforme a Su voluntad.  El orden de obediencia y sujeción en las familias tienen un efecto directo en:
  • La sociedad y todos sus estamentos legales (leyes de tránsito, leyes impositivas, etc.)  Quien no obedece padre y madre es difícil que se someta a la obediencia a terceros.
  • En mis relaciones con los demás, pues me permite reflejar un carácter humilde ante otros; y como "honrar honra", nos permite igualmente ser considerados dignos de honor.
  • En nuestras familias, definiendo una relación caracterizada por el respeto, el amor, y el beneficio de los demás antes que los nuestros propios.

Que el padre y la madre mismos entiendan que la instrucción no les coloca en una posición de autoritaria supremacía sobre los hijos es igualmente necesario para que todos nos entendamos sujetos a la voluntad de Dios: unos cumpliendo el papel de una autoridad que refleje a Cristo, otros sujetándose a dicha autoridad establecida por Dios. 

La experiencia demuestra, y la Palabra de Dios confirma, que el hijo desobediente es el hijo de corazón y actitudes necias.  Es el "necio" de Prov 12:15, contra quien se presenta al que obedece el consejo. Y acerca del necio la Palabra de Dios tiene ciertamente mucho que decir y mucho que explicar. Éste es dolor y llanto para la madre, y pesadumbre para el padre.  Éste es el hijo desobediente que no honra padre y madre.  No es entonces extraño que de él se diga que muere por falta de entendimiento (Prov 10:21).

La gracia necesaria, entonces, es la gracia que es en Cristo y Su cruz.  Esa que sobreabunda donde abunda el pecado, donde abunda la desobediencia, donde abunda la falta de honra a los padres.  Cristo y Su gracia que transforma.

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