5 may. 2016

Obediencia y Honra (Efe 6:1-3)

Efe 6:1-3 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 
LOS FUNDAMENTOS
Obedecer y honrar a los padres.  Este es el clamor constante hacia los hijos para obtener un nivel mínimo de atención y sujeción a la autoridad que Dios ha puesto sobre ellos.  Pero en repetidas ocasiones perdemos de vista el trasfondo bíblico que posee este llamado, y llegamos a creer (al menos nuestros hijos lo creen...) que es un clamor muy de los padres, en busca de preservar generación tras generación el nivel de autoridad sobre toda la raza humana que aun no alcanza la adultez.  Una gran conspiración para limitar la libertad y el derecho a la anarquía propia de un corazón que es rebelde por naturaleza.

La realidad es que no es así.  Esta instrucción a la obediencia y la sujeción a la autoridad paternal, así como el principio de honrar a nuestros padres, fueron establecidos desde el principio (Gen 1:28; 9:23), y fueron ratificados a la nación de Israel como parte de los Mandamientos que Dios reveló a Moisés. De hecho, es el quinto mandamiento del Decálogo (10 Mandamientos).

En adición a estos principios, la ley del pueblo de Israel instruía drásticamente contra la desobediencia hasta el punto de la muerte al hijo contumaz y rebelde (Deut 21:18-20).  Era necesaria una gracia mas efectiva que la de la ley para subsanar este mal.

LA PROMESA
La instrucción dada, por tanto, así por medio de la Ley y los fundamentos que vemos desde el Antiguo Testamento, como por medio de esta carta del apóstol Pablo a los Efesios, arrastra una promesa de longevidad y prosperidad sobre la tierra, según el orden y la voluntad permisiva de Dios sobre nosotros.  El simple hecho de una vida prolongada en este mundo no es la promesa en si misma.  Es suficientemente desalentadora la lista de aflicciones físicas relacionadas, sobre todo, con una salud que se desvanece en la misma medida que nuestra edad avanza.  Sin embargo, la promesa dada por Dios en relación a este mandamiento, el cual no solo aplicaba al pueblo de Israel de manera particular sino que Pablo se hace eco del mismo para hablar a la iglesia de hoy, se hace evidente por medio de la voluntad de Dios en sostenernos y preservarnos.

Toda persona nacida de nuevo por la fe en Cristo verá largos días caracterizados por la mano soberana de Dios sobre sí, será llamado bienaventurado y todo lo que hace prosperará.  Cumplir los mandamientos de Jehová, aunque no representen una promesa de bendición extendida sobre nosotros, es en sí mismo una bendición que nos conforma a la imagen de Cristo, el Hijo obediente por excelencia, y sobre el Cual ciertamente estuvo la mano de Jehová.  Es en Cristo en quien, de manera suprema, tenemos ejemplo de este mandamiento, ya que Él honró y obedeció al Padre en todo.  No obstante, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento; y al poner su vida en expiación por el pecado, verá linaje y vivirá por largos días, tantos como la perfecta obediencia y honor dados al Padre le concedan eternamente, por lo que la voluntad de Jehová será en su mano prosperada (Isa 53:10)

EL BENEFICIO DE LA INSTRUCCIÓN
Sin reparar en la promesa del mandamiento, tan solo la instrucción significa un beneficio incalculable para el buen orden y la comunión armoniosa de las familias.  Es imprescindible el reflejo de la autoridad del Padre celestial sobre Su Hijo Unigénito en las familias que viven conforme a Su voluntad.  El orden de obediencia y sujeción en las familias tienen un efecto directo en:
  • La sociedad y todos sus estamentos legales (leyes de tránsito, leyes impositivas, etc.)  Quien no obedece padre y madre es difícil que se someta a la obediencia a terceros.
  • En mis relaciones con los demás, pues me permite reflejar un carácter humilde ante otros; y como "honrar honra", nos permite igualmente ser considerados dignos de honor.
  • En nuestras familias, definiendo una relación caracterizada por el respeto, el amor, y el beneficio de los demás antes que los nuestros propios.

Que el padre y la madre mismos entiendan que la instrucción no les coloca en una posición de autoritaria supremacía sobre los hijos es igualmente necesario para que todos nos entendamos sujetos a la voluntad de Dios: unos cumpliendo el papel de una autoridad que refleje a Cristo, otros sujetándose a dicha autoridad establecida por Dios. 

La experiencia demuestra, y la Palabra de Dios confirma, que el hijo desobediente es el hijo de corazón y actitudes necias.  Es el "necio" de Prov 12:15, contra quien se presenta al que obedece el consejo. Y acerca del necio la Palabra de Dios tiene ciertamente mucho que decir y mucho que explicar. Éste es dolor y llanto para la madre, y pesadumbre para el padre.  Éste es el hijo desobediente que no honra padre y madre.  No es entonces extraño que de él se diga que muere por falta de entendimiento (Prov 10:21).

La gracia necesaria, entonces, es la gracia que es en Cristo y Su cruz.  Esa que sobreabunda donde abunda el pecado, donde abunda la desobediencia, donde abunda la falta de honra a los padres.  Cristo y Su gracia que transforma.

© Por Santiago Peralta. http://www.eseperalta.blogspot.com. Usted puede reproducir y/o distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin que se altere su contenido y se incluya este párrafo en la reproduccíon.