11 sept. 2008

La cuota feminista en el evangelismo mediático

Los dias pasan muy rápido... y el afán de las urgencias no deja que lo importante pueda ser atendido. Lamento la tardanza.

Hoy meditaba en la presencia diaria de "pastoras" en los medios radiales locales, ya que me inquieta particularmente la apertura que han tenido ciertas emisoras y programas a estas "siervas" de Dios. Algunos han llegado a adecuar el formato de producción y dar cabida a "las palabras de luz" de estas "hermanas", modificando su línea tradicional a una mas "espiritualizada".

Pienso que hay razones detrás de esto, y quisiera compartir algunas con ustedes ahora:

  • Primeramente, evidencia la tendencia espiritualista de la sociedad post-moderna en que vivimos, en donde todos los credos y doctrinas son aceptados, ya que el postulado es que no existe verdad absoluta, sino que cada punto de vista es una verdad en sí misma y debo ser abierto y "politicamente correcto" para aceptar cada planteamiento. El cristianismo es manoseado hasta convertirlo, por tanto, en una más de estas corrientes espirituales adoptadas por muchos en este tiempo, sin necesariamente sujetar la voluntad al Espíritu ni disponerse a defender la doctrina dada una vez a los enviados con el mensaje de la salvación por medio de la fe en Cristo.


  • Segundo, el mensaje y postura que asumen estas mujeres es coherente con una figura maternalista preocupada por la salud conductual de la familia, del esposo, de los hijos, de la sociedad. Vistas así, son inofensivas y es obvio que no hay problemas en recibirles y dedicar espacio a sus "consejos" porque abordan de manera general los conflictos que afectan a todos por igual: píos e impíos, religiosos o ateos, moralistas o liberales...


  • Finalmente, se cumple de esta manera con la cuota feminista para este rubro en los medios de comunicación, pues el conocimiento de que el liderazgo eclesiástico y doctrinal ha estado de siglos atrás a manos del hombre les mueve a equilibrar la presencia de un expositor en la materia con una representante del género femenino.

Lo triste de todo lo anterior no es la apertura de estos medios seculares y su evidente y hasta comprensible ignorancia de las ordenanzas bíblicas establecidas para el liderazgo del hombre en el ejercicio de la predicación del Evangelio, sino la flagrante rebeldía de parte de aquellas que se hacen llamar cristianas evangélicas en relación a la voluntad de Dios bíblicamente establecida.

Cuando el apóstol Pablo escribe a la iglesia en Corinto, les indica que así como fue instruido y sucedía en todas las iglesias de los santos, en la de ellos también la mujer debía callar en la congregación (1Cor 14:33-38), lo cual le excluye automáticamente del ministerio del pastorado. Es probable entonces que aquellas congregaciones que hoy aceptan colocar este ministerio en hombros de sus damas no sean iglesias de santos en Cristo.

Ciertamente no es de extrañar la soberbia de tales congregaciones, ya que el apóstol concluye sentenciando que las iglesias que deseen ignorar esta instrucción... bueno... que le vamos a hacer... que lo hagan...! Pero sepan que estan en rebeldía ante la voluntad de Dios. Es el mismo planteamiento que hacía el propio Señor Jesucristo: el que tenga oidos para oir, que oiga. Porque no solo Pablo, quien era soltero y ha sido acusado por esto de machista soterrado, habló sobre el tema; sino que Pedro, un varón apóstol de Dios casado con su esposa (1Cor 9:5)* también fue receptor del Espíritu con el mismo mensaje: una mujer debe guardar silencio con respecto a la ministración del Evangelio. De lo contrario, cómo puede explicarse la instrucción que le manda a estar sujeta a un marido inconverso, de manera tal que le gane sin mediar palabra, mas bien por la conducta casta ante su autoridad? No mediará palabra en el hogar y saldrá a predicar el Evangelio a las calles...?

* (Cefas=Pedro; ver Juan 1:42)

La presencia radial y en otros medios de comunicación masivos de mujeres blandiendo el Evangelio es ilegítima, vá en contra de los principios bíblicos y forma parte, junto con tantas otras aberraciones doctrinales, del engranaje espiritualista de nuestra sociedad post-moderna.

Y de nuevo, el que tenga oidos para oir, que oiga.

Gracia y paz a cada uno.


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