21 oct. 2010

El pecado de la obstinación en nuestros adolescentes

De los pecados silentes, pertinaces y escurridizos, la obstinación ocupa un lugar importante en la vida de nuestros adolescentes. Han sido formados por esta sociedad postmodernista para aceptar esta conducta como una positiva, encomiable, necesaria para triunfar secularmente en un mundo cada vez mas competitivo; sin mencionar la negativa influencia que una errónea información sobre los Derechos de la Niñez les acaba inculcando.

Ejemplos sobran a nuestro alrededor de jóvenes empeñados en imponer sus propósitos a toda costa, por encima de las sugerencias y consejos paternos, amparados en la excusa de "lograr todo lo que te propongas", y hasta con un excelente pretexto bíblico cuando sacamos de su contexto el versículo 13 de Filipenses 4. Decir que "Todo lo puedo en Cristo" cuando se actúa en franca rebeldía y rechazo a la autoridad o instrucción paternas es un contrasentido que los padres no debemos confundir con los derechos a expresarse que le asisten a nuestros hijos.

La obstinación queda revestida de blanco tratando de presentarse como una característica del joven emprendedor, persistente y enfocado; sin ser estas últimas cualidades necesariamente negativas.

Hay una diferencia muy clara entre la persistencia y la obstinación: el motivo del denuedo. Si el enfoque es resultado de su propia voluntad, satisfacer el deseo de su corazón, la gloria personal o el orgullo propio, estamos ante una actitud obstinada.

Si el enfoque es, en cambio, salvar cualquier obstáculo que se anteponga al objetivo final de llevar gloria a Dios y darle todo el honor a Él, para quien, a fin de cuentas, debemos hacer todas las cosas que nos propongamos (Col 3:17), entonces se trata de una actitud persistente, y debe ser patrocinada por nosotros como padres.

La obstinación y la rebeldía son actidudes pecaminosas con las cuales damos respuesta al deseo de nuestro corazón sin tomar en cuenta el tiempo y condiciones establecidos por Dios, revelando de paso otros pecados residentes como la falta de dominio propio, falta de templanza, el afán y la ansiedad.

Es curioso ver cómo somos capaces de clasificar subconscientemente el pecado, y priorizarlos a partir de su nivel de exposición. Si es un pecado explícito y que involucra un agente externo, facilmente llega a ser rechazado por nosotros. Si, en cambio, se trata de un pecado implícito y que supone una actitud puramente interna, se hará hasta difícil que sea aceptado como pecado del todo. Sin embargo, si nuestros hijos son capaces de identificar como pecados algunas actividades y prácticas evidentes como la hechicería, la adivinación, la idolatría; entonces no debe ser difícil para nosotros guiarles a la comparación que Las Escrituras hacen de estos pecados y aquellos mas íntimos. El 1er Libro de Samuel nos dice que ambas cosas son lo mismo:

"Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación (1Sa 15:22-23a).

La próxima vez que tus hijos fallen en ver la obstinación como un pecado, que le pregunten al 1er Libro de Samuel...

Gracia y paz a cada uno.

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