Dices saber que no eres culpable; pero no sabes de lo que sí eres culpable. Hay posibilidad de que no seas culpable de homicidio, hurto, violación, engaño, adulterio, fornicación... y aun eso sería debatible; pero no sabes de lo que sí eres culpable. Y eso de lo que sí todos somos culpables es exactamente de lo que Dios nos llama a arrepentirnos colocando nuestra confianza en la obra de Cristo en la cruz.
Verás, eres culpable de pretender vivir moralmente autónomo, sin rendirle cuentas a nadie, como si Dios no hubiera sido tu Creador. Y la realidad es que hay una ira absolutamente justa que se revela desde el cielo contra esto. Si esto es así, que somos causa protagónica de esa ira, entonces somos culpables de esa ira justa.
Ni siquiera te estoy hablando todavía de tus propios pecados, los que cometes diariamente, los que omites diariamente, los que albergas en tu corazón diariamente, aun sin cometerlos. Pecado de comisión, pecado de omisión, pecado de intención. Ni siquiera te estoy hablando de esto. Pero toda impiedad e injusticia de los hombres provocan esa ira justa de Dios.
Porque Él tomó la iniciativa de dar a conocer Sus cosas invisibles, su eterno poder y deidad, las cuales se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de la Creacion y el Universo mismo, de modo que no tenemos excusa. Pero, aun habiendo conocido a Dios como Creador, no le glorificamos como Dios, ni le dimos gracias, sino que nos hemos envanecido en nuestros razonamientos, y nuestro corazón ha sido entenebrecido. Tanto, que decimos con facilidad no tener culpa de nada.
Profesando ser sabios, nos hemos hecho necios, y hemos cambiado la gloria de ese Dios incorruptible en semejanza de hombre corruptible. Somos nuestros propios ídolos. Por lo cual también Dios nos ha entregado a la inmundicia, en las concupiscencias de nuestros corazones, de modo que hemos deshonrado entre nosotros nuestros propios cuerpos, ya que hemos cambiado la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a lo creado antes que al Creador.
Claro que eres culpable, lo que sucede es que no lo sabías. Y yo he querido explicártelo. Hasta ahora no sabías de qué has venido, por tu simple condición humana, a ser culpable. Pero ahora ya lo sabes. (Rom 1:18-25)
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