Mi nacionalidad es, primeramente, espiritual. Dios, por Su gracia, ha modificado mi pasaporte existencial, y donde decía "el Mundo" ha escrito, con la sangre de su amado Hijo Jesucristo, mi Señor, las palabras "el Reino Celestial". Por tanto, poco debería molestarme cualquier agravio a mi nacionalidad terrenal, la cual es efímera, inefectiva, y la más de las veces puramente nominal... o sea, que chauvinista no soy...
Sin embargo, es indignante ver el uso que hacen de esa nacionalidad para cualquier objetivo político o mercurial, sin reparar en el efecto nocivo que pueda provocar el vínculo entre lo promocionado y la nación; esto es, las personas. Porque, a fin de cuentas, qué es la nación si no las personas que la componen, sus costumbres, sus principios (si los hubiera, porque ese es parte de todo el problema: se perdieron hace tiempo los principios... de toda clase, se agotaron...).
Tal es el caso de la campaña promocional de la Cervecería Nacional Dominicana, que toma por los cabellos ciertas características de nuestra cotidianidad y monta sobre ese caballete su conocido producto, presentándola como la heroina vestida de verde que vino a salvar la identidad nuestra. Irrita porque dominicanos somos todos los nacidos en este suelo, pero no es cierto, ni correcto, decir que todos nos identificamos con una "pequeña". Es más que incorrecto: es una falta de respeto a mi individualidad y un atentado contra mis normas y costumbres de consumo.
Yo admito que comencé mal este artículo, porque pareciera que mi enfado deviene directamente de mis convicciones espirituales; pero es que, aunque yo no hubiera sido objeto de la gracia de Dios, quién le dió permiso a la CND para decir que ellos representan o patrocinan mi nacionalidad ?!?!? Tomaré yo cerveza acaso ?!?!? Pretenciosos, arrogantes, bueno freco...!
Sin embargo, es indignante ver el uso que hacen de esa nacionalidad para cualquier objetivo político o mercurial, sin reparar en el efecto nocivo que pueda provocar el vínculo entre lo promocionado y la nación; esto es, las personas. Porque, a fin de cuentas, qué es la nación si no las personas que la componen, sus costumbres, sus principios (si los hubiera, porque ese es parte de todo el problema: se perdieron hace tiempo los principios... de toda clase, se agotaron...).
Tal es el caso de la campaña promocional de la Cervecería Nacional Dominicana, que toma por los cabellos ciertas características de nuestra cotidianidad y monta sobre ese caballete su conocido producto, presentándola como la heroina vestida de verde que vino a salvar la identidad nuestra. Irrita porque dominicanos somos todos los nacidos en este suelo, pero no es cierto, ni correcto, decir que todos nos identificamos con una "pequeña". Es más que incorrecto: es una falta de respeto a mi individualidad y un atentado contra mis normas y costumbres de consumo.
Yo admito que comencé mal este artículo, porque pareciera que mi enfado deviene directamente de mis convicciones espirituales; pero es que, aunque yo no hubiera sido objeto de la gracia de Dios, quién le dió permiso a la CND para decir que ellos representan o patrocinan mi nacionalidad ?!?!? Tomaré yo cerveza acaso ?!?!? Pretenciosos, arrogantes, bueno freco...!


Es cierto que existieron verdaderos hombres de Dios, llenos del Espíritu, que vivieron en la abundancia y plenitud de riquezas, aunque no sin antes haberse curtido en el trabajo arduo, y sufrido escasez y sacrificios. Tal es el caso de José, hijo de Jacob, quien luego de ser vendido como esclavo y sufrir el aislamiento de un calabozo por las mentiras de una mala mujer, pasó a ser el segundo hombre del vasto imperio egipcio. Igual orígen plantea el exito de David, hijo menor de un pastor de ovejas de la región, y quien llegó a ser el primer rey genuino de los israelitas, ratificado por voluntad divina [planteo ambos casos porque suelen ser la referencia usual de algunas personas que alegan haber encontrado la solución conciliatoria entre la fe y las riquezas; entre el amor a Dios y a Mamón (


